El uso urbano marca qué se rompe y cuándo. En un barrio con trayectos cortos y mucho tráfico por la M-30 y por Santa María de la Cabeza, estas son las averías que más repetimos:
Filtro de partículas saturado en diésel. El FAP necesita rodar caliente y a ritmo de autovía para limpiarse. Con trayectos de diez minutos no regenera, se llena de hollín y acaba encendiendo la luz de motor. Una diagnosis electrónica te dice en qué estado está antes de que falle.
Embrague gastado antes de tiempo. El arranque y parada continuo del centro desgasta el disco mucho más rápido que la carretera. Si el motor sube de vueltas y el coche no acelera igual, revisa el embrague.
Pastillas y discos de freno. Semáforos, rotondas y bajadas hacia Madrid Río. Un coche de barrio frena muchas más veces al día que uno de carretera.
Batería. Los trayectos cortos no dan tiempo al alternador a recargarla. El calor del verano la envejece y el primer día frío de invierno te deja tirado.
Aire acondicionado. En julio y agosto la queja se repite: sale aire pero no enfría. Casi siempre es falta de gas, un filtro sucio o el condensador, y rara vez el compresor.
Ninguna de estas averías aparece de golpe. Avisan antes. Con una revisión a tiempo se arreglan por bastante menos dinero.